lunes, 30 de mayo de 2011

Hasta las doce;


Si al despertar no he soñado contigo, me reinvento y sigo. Sólo pensar en tumbarme en tu ombligo, me hace ser testigo del calor cosido en nuestra piel. Enterrarnos en la cama y que mañana no amanezca hasta las doce. Que nos destrocen los latidos. Que las ganas se disuelvan en el roce de tu cuerpo con el mío. Si cuando más me hace falta tu abrigo, siempre lo consigo. Verte sudar, regalarme gemidos, es tan divertido y es el mejor castigo.