No quiero que me quieras por ser buena (nadie miente mejor que el que aprendió el oficio engañándose a sí mismo). No quiero que me quieras porque estoy, pues tengo la costumbre de marcharme, casi sin remordimientos, cuando alguien ignora mis indicios. No quiero que me quieras sólo por lo que escribo (mis palabras son románticas rameras que dicen la verdad, pero siempre me han consentido). No quiero que me quieras por estar disponible (no hay mayor egoísmo que darse sin medidas y sentirse necesario para quien te resulta imprescindible). No quiero que me quieras porque intuyes que te espero, aunque me muestre inofensiva para no espantarte. No quiero que me quieras porque sabes que te quiero. Ya lo dijo Sabina, pero ahora lo digo yo, que no aprendí a callarme a tiempo: "yo quiero que me quieras como quieras, como inventes y sepas, como menos te duela y te mate por dentro, como mejor te salga, como el peor secreto, como no puedas querer de nuevo". Yo quiero que me quieras a tu manera. Que lo digas poco y lo sientas todo el tiempo. No quiero que me quieras porque estoy enferma, si no, porque no te queda más remedio. Y si no puedes quererme así, de un modo imperfecto pero inédito, entonces... entonces mejor no me quieras.
domingo, 23 de diciembre de 2012
El pulso echa a correr en mi gastado corazón como un viento. Pierdo la noción de lo exacto. Confundo los días con las ganas y el futuro con pasado mañana. Se revuelven mis manos buscando tus texturas. Sigo añorando los secretos de tu olor, que no se apaga. Mi fuerza, revelada, avanza en manifestación y te proclama. Mi cabeza gira dentro de otra cabeza, y las dos disputan la sangre de pensarte a su manera. La lengua, cansada ya de su inactividad. No estás, pero te siento debajo de todo y me pongo a cavar. Te hallaré bajo las sábanas. Me despierto sudorosa y sedienta. Tu dirás que es la fiebre. Yo lo llamo amor. No me sirve otra palabra.
Cuando dejas de creer en ti, algo se apaga en mí, mientras se enciende la vencedora envidia en los que quieren tu caída. No vas a comerte el mundo quizás, pero el mundo está esperando tus mordiscos. Y yo también, por motivos similares aunque diferentes. Si ya eres todo lo que eres, sin saberlo, cuando lo sepas, sólo te frenarán tus frenos. Ya nada te hará caer, salvo tus egoístas zancadas. Pero si eso pasa, tranquilo, allí estaré. Con el brazo tendido, aunque tu tacto me queme, para levantarte de un suelo que no merece tu caída. Mi compañero de tanto, mi cómplice de este atraco a mano amada que es la vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

.jpg)
