Recordando aquel 31 de octubre, me doy cuenta de que fue el día más feliz de mi vida. Hospital San Agustín de Avilés, después de 9 horas esperando, la familia reunida, la alegría de todos, la sonrisa de tu madre, y yo, mirándote a los ojos me sentía tan cobarde. Y ahora, sin tí, no puedo vivir. Eres mi pequeña y pase lo que pase, te quiero más que a mi vida y nunca dejaría que nada te pasase. Mataría por ti, daría mi vida entera. Estaré siempre contigo, no te soltaré nunca. Has de cuidar a tu madre como yo no la cuidé. Disfruta de tus abuelos, todo lo que puedas, es una lección enorme y con el tiempo, sólo te quedará su recuerdo. Respeta a tu padre, que se sienta orgulloso. Nunca hagas caso de la gente, siempre te tendrán envidia. Quiero para tí el futuro que no tendré y quiero que tu sí estudies lo que no estudié y quiero que tu sí seas capaz de ver que no soy ejemplo a seguir por mis errores del ayer. Quiero que seas consciente de que amigos hay muy pocos y de que en la vida, para ser feliz, hay que estar muy loco, hay que pensar lo mínimo y vivir cada instante. Pero si la cagas, ahí estaré para hacer lo más que pueda. Te lo juro por mi madre que tu no tendrás problema, que si alguien te hace algo, lo mataré con mis manos, porque, aunque me cueste la vida, nadie tocará a mi hermana. Y pensar que parece que fue ayer cuando diste tus primeros pasos, cuando soplaste tu primer año... Te quiero más que a nada, y siempre lo haré. Si algún día te pasara algo, no se lo que haría, sin tí, pensaría que no merecería la pena la vida. No hay amor más grande del que yo te tengo enana.
