Cuando se despertó no recordaba nada de la noche anterior. "Demasiadas cervezas", dijo al ver mi cabeza al lado de la suya, en su almohada. Y lo besé otra vez. Pero ya no era ayer, si no mañana. El día que llegó tenía ojeras malvas y barro en los zapatos. Desnudos pero extraños nos vio, roto el engaño de la noche, la luz cruda del alba. Era la hora de huir. Se fue sin decir "llámame un día". Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
Noelia Sierra