El eco de una ciudad eterna que se pinta de Enero, una canción que recuerda demasiado cubría de escarcha otro sábado cualquiera. Las farolas bajo las que se dieron tantos besos y la calle en la que pasearon de la mano tantas veces le producía una melancolía que no se tapaba ni con pintalabios rojo. "Nunca vuelvas a un lugar donde has sido feliz", le dijeron. "No te enamores de un chico que toca la guitarra". Y allí estaba ella, con el corazón rasgado por la quinta cuerda de su guitarra, comparando el amor con la gasolina. Caros, arden rápido, se gastan fácilmente y pueden sustituirse por alcohol.
Noelia Sierra