sábado, 21 de enero de 2012


El eco de una ciudad eterna que se pinta de Enero, una canción que recuerda demasiado cubría de escarcha otro sábado cualquiera. Las farolas bajo las que se dieron tantos besos y la calle en la que pasearon de la mano tantas veces le producía una melancolía que no se tapaba ni con pintalabios rojo. "Nunca vuelvas a un lugar donde has sido feliz", le dijeron. "No te enamores de un chico que toca la guitarra". Y allí estaba ella, con el corazón rasgado por la quinta cuerda de su guitarra, comparando el amor con la gasolina. Caros, arden rápido, se gastan fácilmente y pueden sustituirse por alcohol. 
Noelia Sierra