Febrero continuó siendo duro, aunque quizás menos, se llenó de discusiones, de nervios y de un adiós definitivo.
Marzo me sentó bien, me llevé alegrías y también desilusiones, dejé de creer en el amor y me pregunté varias veces por qué la vida es tan puta.
Abril fue un mes de amistades nuevas que luego fueron desapareciendo.
Mayo nos advertía que iba a ser un verano potente, no faltaron las fiestas ni los millones de risas.
Junio fue bonito, con gente que aparece por casualidad, que te enseña a sonreír, que se une a tu camino y te empuja a seguir.
Julio fue grande desde el principio, apareció él cuando más lo necesitaba, llegó para quedarse acompañado tardes inmejorables en la playa.
Agosto pasó con él, con arena entre los dedos y rayos de sol rozando la piel, sonrisas escondidas en el mar, madrugadas entre suspiros y palabras al oído y la chispa que anunciaba que algo cambiaría.
Septiembre me regaló ilusiones recicladas, llegó el frío, las bufandas que escondían sonrisas, los días grises, la melancolía, los cristales empañados y los corazones en ellos.
Octubre me dio esperanzas, me enseñó a recordar lo bueno y a brindar porque lo malo se acaba, nos hizo unirnos para superar lo malo y entendí que no hay que pensar en el futuro.
Noviembre semejó a septiembre al principio, aunque luego acabó siendo uno de los mejores meses del año.
Diciembre, tan frío que solo tú podías calentarlo, y lo hiciste con un amor sin límites y unos momentos inolvidables.
ADIÓS 2011.