lunes, 20 de febrero de 2012

Desconozco el punto medio. O te quiero o te odio. O te mato o me muero contigo.
En los días de domingo gris aprendí que las lágrimas son las goteras de corazones con humedades, de aquellos que guardan cada gramos de dolor y se lo guardan dentro, en una pequeña bolsa con las promesas por cumplir. Entonces llega él, dispuesto a arreglar el más destrozado de los corazones y a quedarse dentro. Dispuesto a completar mis ojos con el reflejo de los suyos, a ser abrazos bajo la lluvia, a ser paracetamol después de un sábado, sonrisas con magia, cien abrazos de despedida y mil besos de bienvenida. Y de ahí, de él, aprendí también que unas veces eres el parabrisas y en cambio, otras, eres el mosquito. Que lo que parece el final, en realidad es el comienzo.