sábado, 28 de mayo de 2011

Ahora.

Ahora ya no escribo cuentos, ni tacho los días del calendario. Sueño que estoy preso a la sombra de un árbol. Ya no paseo por el mercado, ni escucho lo que hablan unos viejos. Nunca más me sentaré con ellos. Y ahora me paso todas las tardes pensando que el teléfono no arde, que no suena, que no interrumpe la cena, que no suena, que me dice que me largue, que se muere, sálvalo, tú si puedes. Y es que por no salir, todas las puertas cierro. Tengo las mañanas sólo para mí. Se olvidaron de mí, estos del infierno. No paran de llover las nubes del fracaso. Disparan las pistolas de la soledad. Ya no salgo en la guía, ni en la calle de “Olvidados”. Gritaré un poco más, sangrará mi garganta.