A 153 km de tus besos. A dos manzanas, y ocho sonrisas. A tres cigarros que se consumen en ceniceros aleatorios de cualquier terraza de la ciudad. A una azotea en la que mirar las estrellas por la noche. Y a 2 sábados de fiestas bebiendo para no echarte tanto de menos. Y cuatro reuniones más tarde te escribo. En las siguientes 3 horas lo sigo haciendo.
Y en cuatro taxis, dos buses y un avión, ya estoy aquí. Te busco. Busco tu sonrisa en cada esquina, cada cafetería donde desayunábamos tostadas con caras dibujadas gracias a la mermelada. En cada pub y cada habitación del hotel donde nos conocimos por primera vez. Hasta que te encuentro. Y desde el tejado de tu cuello escribo esto para recordarte que no pienso irme de aquí jamás. Hasta dentro de 800 lunas llenas y otros 10 cohetes más que vayan al espacio. Entonces, ya veremos a dónde me lleva la marea que lucha porque no siga aquí contigo.