viernes, 16 de diciembre de 2011

Superior a mí es la fuerza que me lleva en el pulso que mantengo con la oscuridad que tiñen de oscuros tus ojos negros. ¿Que me cuentas del tiempo que pasa en su pestañeo que me trae por ésta calle de amargura y de lamento? Que yo sé que la sonrisa que se dibuja en mi cara tiene que ver con la brisa que abanica tu mirada. Tan despacio y tan deprisa. Tan normal y tan extraño. Tú me rompes la entrañas, me trepas como una araña. Bebes del sudor que empaña el cristal de mi habitación. Tus ojos no tienen dueño porque no son de éste mundo. Que no te quiero mirar, pero es que cierro los ojos y te veo por dentro. Te veo en un lado y en otro. En cada foto, en cada espejo. En las paredes, en los ojos de la gente, hasta en la sopa más caliente. Me estoy volviendo loca. Y, a veces, me confundo y pico a tu vecina, esa del segundo que vende cosa fina. Y, a veces, te espero en el bar de la esquina. Y, a veces, me como de un bocado el mundo. Y, a veces, te siento. Y, a veces, te tumbo. Y, a veces, te leo un beso en los labios y voy corriendo a robártelo para que no pueda escapar.