sábado, 16 de junio de 2012

Viajero que regresas a la ciudad del norte donde la dulce nieve empapa la razón, donde llegan los barcos cargados de preguntas a muelles laboriosos como mi corazón, háblale de mi vida, las autopistas negras que atraviesan volando mi terca soledad, esa gente que pasa por la calle llevando mi pensamiento a otro lado de la ciudad. Cuando de él y de mí sólo queden estos versos, los hoteles que un día quisimos compartir, los coches aparcados junto a nuestro recuerdo, la calle deshabitada donde lo conocí, dile que estoy parada en el final de mi misma igual que un aduanero sin nadie a quien multar, como la menopausia de una mujer fatal. Y dile también que lo echaré de menos cuando apriete el frío, cuando nada sea mío, cuando el mundo sea sórdido y ajeno. Que no se te olvide. Es de esos que da siempre un poco más que todo, y que nada piden. Cuéntale que le extraño y que me siento seca, igual que un presidente dentro de un autobús, como una Kawasaki en un cuadro del Greco, igual que un perro a cuadros, igual que un gato azul.