domingo, 17 de junio de 2012
No puedes afirmar que te engañaba cuando te mentía, pero desde el primer día tuve la cobardía de avisar. Quien tiene siete vidas y los ojos de gata callejera no se va con cualquiera. "De mi noche se esperan millones de promesas sin cumplir, así que mejor no equivocarse, no me pidas jamás lo que no doy. Ya sabes lo que soy, y si quieres me voy", te dije al terminar de desnudarme. Ya ves, llegar a fin de mes, conmigo no es un asunto de dinero, es más bien cuestión de merecer. Un tsunami hecho mujer, dispuesta en cada ola a renacer. ¿Cómo ibas a saber que te engañaba cuando mentía? Maestra en confundir al diablo y al rey de los altares. Te citaba en los bares con fuegos malabares y luego me olvidaba de acudir. Ya ves, llegar a fin de mes, conmigo no es un asunto de intendencia, se trata más bien de comprender la pura impertinencia del sol cuando se cansa de alumbrar, del mostrador a la hora de cerrar. No puedes jurar que te engañaba cuando mentía. Ya ves, llegar a fin de mes, no era firmar un parte de sucesos, se trata más bien de envejecer huérfano de mis besos y de abrazos que se mueren por volver. Y aún así, todavía te cuesta imaginar que te engañé cuando me despedí.
