viernes, 6 de julio de 2012

Ando sin gafas por la vida, yo, que siempre quiero verlo todo, y es por eso que estoy molesta, temerosa, en desacuerdo, borrosa en los espejos, sedienta en los deseos. "Necesitar" es el verbo que más odio, pero es increíble lo mucho que puedo llegar a necesitar que me necesites, que te falte un pedazo si estoy lejos, que me busques en tu pecho, en tus manos. Podría vivir sin ti, si viviese al 10 por ciento. Podría hacerme amiga de otras pieles, pero nunca podría llegar a ser su cómplice completa. Me niego a morirme sin conocerte por adentro, aunque siempre me seguirían sorprendiendo tus secretos, tus historias. Mi mente quiere invadir la tuya y mi sexo quiere perderte el respeto. A éstas alturas deberías saberlo; quererme es como andar descalzo sobre las brasas, dar tantos pasos sin quemarte y de repente, todo el fuego. En cambio, quererte a ti es hacer de la vida una ruleta, jugar todas las fichas a un número que en cada giro cambia, apostar contra el destino y lograr que, por una vez, no vuelva a ganar la banca. Pero si te descalzas de tus miedos y yo dejo de perder tiempo en otras palabras, si te desnudas de cualquier cordura y yo vacío el cenicero de mis dudas, conseguiremos que se ruborice el tiempo por vernos erróneos, incorrectos, eternos y felices.