martes, 10 de julio de 2012

Llegó un frío día de Enero y yo, partida en dos, no supe reaccionar ante la emoción de ver aparecer a un trozo de mi misma sin sentir que renació también mi corazón. Háblame, aunque estés lejos, que me duele este silencio, cargado de palabras. No dijimos hasta luego, si no hasta siempre, compañero. Nos veremos mañana y hasta entonces seguiré pensando en ti, en todo lo que fuimos, seremos y olvidaremos escribir. Pero aunque me parezca un sueño, en mi corazón eterno, guardo todas las promesas por cumplir. Y a la hora de olvidarte procuraré dejar intacto el paso de los años que nunca podré tener. Y yo, que nunca he entendido este mundo sin sentido, me muero si no estás.