jueves, 12 de julio de 2012

Le vi en un paso de cebra. Yo estaba toreando con el bolso a un autobús. Me dijo "¿tienes fuego? tranqui, que me lo monto de legal, salí ayer del talego, molaba que me invitaras a cenar". Le echó un cable la lluvia, él andaba con paraguas y yo no. Con una sonrisa, "¿a dónde vamos, morena?" me soltó, y yo, que caminaba sin dirección, "a donde tú me lleves", sentencié. Me advirtió al entrar que su casa era el polo, "con un colchón nos basta, de estufa, corazón, te tengo a ti". A la segunda copa, "¿qué hacemos con ropa?" pregunté, y él, que nunca había tenido más religión que un cuerpo de mujer, del cuello de una nube aquella noche se colgó. Estaba solo cuando al día siguiente el sol se desveló y se despertó abrazando la ausencia de mi cuerpo en su colchón. Lo malo es que huyera con su cartera y su ordenador y peor es que me fuera robándole además el corazón.