sábado, 28 de mayo de 2011

Equivocada.

El firmamento cayó en el medio del salón. Y al saber, que ya de largo nuestro amor se fue, gritamos más cada vez. ¿Y aún preguntas quién perdona a quién? Entras en la habitación, ¿por qué me has hecho venir? Siempre terminas sacando lo malo de mí. Ayer decías que no, y ahora me dices que sí. Soy tu problema y tú el mal que me hace sufrir. No me levantes la voz, que no respondo de mí. Sabes de sobra que así no podemos seguir. Algo me dice que no, que esto se pierde. ¿Y quién nos lo iba a decir? Se secó nuestro jardín. Es normal, yo soy marea que viene y se va, y tú la orilla del mar. No lo esperaba de ti, ¿cómo has podido decir que ya no somos los mismos, que no eres feliz? Que, a veces, pienso que no, que no soy yo para ti. Nos bastaría un perdón, un renovarse o morir, aunque ya empiezo a pensar que lo nuestro es sufrir. No entiendo cómo la rabia enciende las palabras, palabras que no son nada, pero llegan al alma. Y me arrepentiré, y no quiero, y te espero, y he decido no perder ya ni un solo segundo más. Por favor di de una vez, que es lo que quieres de mí, no puede ser que las cosas se queden así.